Nos reunimos con Cristina Cañavate una tarde, después del horario de comidas en el local Foodtopía en el que trabaja, en Murcia. Poco después de haber terminado su turno, descansa frente a su tupper de comida y un smoothie. Se trata de una de las personas, probablemente, más concienciadas con el respeto al medio ambiente de la Región de Murcia.
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Canal Orgranico, de Cristina Cañavate
Cristina Cañavate es la autora de Orgranico, que empezó siendo un blog y derivó en un canal de YouTube sobre el movimiento Zero Waste. También es la creadora del grupo de Facebook ‘Zero Waste España‘ que tiene ahora más de 16.000 miembros. A partir de este, se empezaron a crear muchos otros a nivel regional o local. Ahora hay grupos en casi todas las ciudades: Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y también Murcia. Además, ella nos cuenta que planteó una quedada en Murcia con otras personas también interesadas y de ahí nació la Asociación Residuo Cero Región de Murcia. Desde hace más de un año, realizan charlas de concienciación, talleres, recogida de residuos y otras actividades para concienciar y aportar su granito de arena. Por todo esto, creemos que es la persona idónea para explicarnos cómo funciona el mundo Zero Waste y cuáles son sus trucos y consejos. También averiguaremos cómo se inició en este movimiento y cuál es la filosofía de los locales Foodtopía donde trabaja. zero waste  

P: ¿En qué consiste el estilo de vida Zero Waste?

R: Para empezar, llevar un estilo de vida Zero Waste es cambiar un poco de hábitos. El objetivo es dejar de producir tanta basura, por lo que se puede aplicar a cualquier aspecto: personalmente en el día a día, en el ámbito empresarial o incluso a nivel gubernamental.

P: ¿Cuáles son los pasos a seguir?

R: En este mundillo, se habla de aplicar las 5R en un orden concreto, como una especie de filtro para quedarte con muy poca basura. Las 5 R consisten en: Zero Waste 5R
  1. Rechazar, decir ‘no’ a todo aquello que no necesitas realmente. Algunos ejemplos son las ofertas 2X1, cuando te regalan un bolígrafo o incluso en situaciones tan sencilla como el ‘Entierro de la sardina’, donde se lanzan juguetes de plástico malo cuando todos los niños tienen suficientes juguetes en casa.
  2. Reducir, es decir, “necesito esto, pero ¿cuánta cantidad?” Conozco personas que gastan una botella grande de gel en un par de semanas, cuando en realidad no necesitas más jabón para estar más limpio. En ese sentido, puede extrapolarse a cualquier cosa, por ejemplo la comida: ¿cuánta comida necesito a la semana? Lo mejor para hacer una compra justa es hacer una lista de la compra o un menú semanal y comprar lo que se necesita realmente, porque sino en la nevera siempre hay productos que caducan y terminan en la basura.
  3. Reutilizar. Personalmente es la que más me gusta porque implica aplicar el ingenio. Se trata de dar una segunda vida a las cosas: cuando terminas un envase de vidrio puedes usarlo para almacenar otro producto, cosas pequeñas o incluso hacer lámparas; otra opción es también la compra de segunda mano. Además me gusta mucho hablar de la alargascencia, alargar la vida a las cosas. Es el término opuesto a la obsolescencia programada, que afecta en que las cosas sean menos durables, se rompan antes y tengamos que volver a comprar algo. Es algo muy común que se ha introducido en la industria para fomentar esa rueda de consumo.
  4. Reciclar. Fíjate que está en el cuarto puesto. Por supuesto que no lo descartamos, pero no todo es reciclable. Hay que poner la verdad sobre la mesa: estamos en un número inferior al 30% de reciclaje en España y al 45% en la Unión Europea. Esto quiere decir que de todo lo que se manda al contenedor de reciclaje un 45% puede ser verdaderamente reciclado en la UE y tan solo un 30% en España. Por ejemplo: el contenedor amarillo no es de plásticos, sino de envases que tienen el sello específico de ECOEMBES. Por eso no se pueden reciclar los plásticos que no cuenten con esa clasificación. Además, no hay que olvidar que el plástico de más alta calidad solo se puede reciclar hasta un máximo de 7 veces… ¿qué pasa con el resto de plásticos? Hay algunos que no se reciclan y otros que tienen un límite. Cuando su destino no es el reciclaje está contaminando el medio ambiente: ya sea el aire a través de incineradoras, la tierra mediante los vertederos o el mar, ya que se convierte en microplásticos que entran en la cadena alimenticia de la flora y fauna del planeta. A día de hoy, a través de estudios en heces humanas, se ha descubierto que tenemos microplásticos en el cuerpo. Hay que tener en cuenta que esta R está en cuarto lugar, después de rechazar, reducir y reutilizar. Por eso, lo que mandamos a reciclar debe ser muy poco.
  5. Rot: significa pudrir, compostar o biodegradar y es la R cierra el círculo. Para no producir ningún tipo de residuo, la materia orgánica se convierte en abono y se produce esa economía circular real. Dentro de esta economía está el movimiento Residuo Cero, pero va mucho más allá: intenta reincorporar los residuos en la cadena productiva como materia prima, para no tener que depender de los recursos naturales. Esta semana salió en las noticias: ya se ha cumplido el cupo de recursos que hemos demandado a la UE para este año. Estamos en una situación de desequilibrio, consumiendo más recursos de los que hay, dejando sin recursos a otros y perjudicando al planeta en pro de nuestra satisfacción.
Siguiendo las 5R en ese orden reducimos la basura en un gran porcentaje, lo que conlleva unas ventajas de ahorro económico, satisfacción personal, comer más sano, etc. Cuando llevas a cabo Residuo Cero, dejas de comprar productos alimenticios envueltos en plástico que normalmente tienen colorantes, conservantes, vienen de lejos. Y, ¿qué pasa cuando compras sin plástico? Es materia prima de cercanía, local, de temporada, que está conservando mejor los nutrientes y es más sano. Tiene muchas ventajas más allá del hecho de reducir la basura: es un estilo de vida que beneficia no solo a nivel medioambiental, sino también personal.

P: ¿Cómo te decidiste a empezar con este movimiento?

Cristina Cañavate
Blog Orgranico, de Cristina Cañavate
R: Yo viví en Shanghái. Estuve viviendo en China un año y me encontré con una realidad que ya conocía, pero hasta que no la vives no te choca. Cuando miraba por la ventana, no veía los edificios, debido a la contaminación que había. Así que antes de salir de casa, tenía que mirar el nivel de contaminación para saber si me ponía o no la mascarilla. Eso es muy duro… cuando tienes que salir y al respirar te empieza a doler la cabeza o te mareas. Una de las principales razones de muerte es precisamente cáncer de pulmón, por la contaminación. Después me fui a vivir a Singapur. Ahí no hay una frecuencia diaria de contaminación, sino que se produce de vez en cuando una nube tóxica procedente de la quema de bosques en Indonesia para cultivar aceite de palma. Así que algo que está pasando en un país está repercutiendo a otro que no tiene nada que ver y produciéndole un mal.

P: Todas esas situaciones debieron hacerte pensar.

R: Pues sí, te hace reflexionar. Siempre me ha gustado la naturaleza y veía que se estaba yendo al garete debido a la actividad humana. Entonces encontré una publicación en redes sociales de Lauren Singer, neoyorquina, que llevaba a cabo el movimiento Residuo Cero. Empecé a investigar y vi que no había ninguna información en español. Me decidí a llevarlo a cabo, pero también empecé a hablar de ello en un blog que evolucionó a un canal de YouTube donde hablaba del movimiento y temas relacionados: reducción de consumo, consumo consciente, alternativas zero waste… Así descubrí que lo mejor es ir poco a poco, porque dejar de comer comida basura de la noche a la mañana es imposible. Hay que empezar con las cosas más sencillas: llevar tu propia bolsa, comprar con el mínimo envoltorio posible… al final es algo retante, que te va enganchando.

P: ¿Qué les dirías a las personas para que se animen a meterse en el movimiento Zero Waste?

R: Cada persona tiene una sensibilidad. Por ejemplo, a una madre le dolería saber que el futuro para sus hijos no es el más idóneo. Hay datos escalofriantes que pronostican científicos, la ONU y organismos internacionales: en 2050 va a haber más plásticos en peso que peces en el mar. Si seguimos así entraremos a una situación de no retorno y tenemos que prepararnos para la resiliencia y para lo que nos viene. En esta curva de Foodtopía (foto de abajo), se ve que hay un crecimiento exponencial desde el descubrimiento y extracción del petróleo, y llegará un momento en que no haya recursos para todos y se va a producir ese declive. Cada vez hay más especies de animales que están desapareciendo. La contaminación del aire ha llegado al máximo nivel. curva foodtopía Puedes contribuir con cosas sencillas, y lo puedes extrapolar reduciendo el consumo de carne, porque la industria cárnica es la más contaminante del mundo. Es decir, comer carne, ¿hasta qué punto es sano? Está todo relacionado: contaminación, salud, desigualdad, pobreza… Hay que repensar la forma en la que estamos consumiendo, para poder dejar un mundo mejor. Resulta que la gente adinerada se despreocupa más de estas cosas, cuando la gente más humilde sí se preocupa. Tiene que ver con la pobreza y falta de recursos: si se me rompe el vaso, voy a pegarlo porque no tengo dinero para otro.

P: Sobre Foodtopía, ¿cómo nació?

local foodtopía R: Nace físicamente hace 3 años. Está fundado por cuatro socios que tienen nietos, fíjate qué ironía. Ellos han trabajado toda su vida en la industria alimentaria y han visto las barbaridades que se cometen. Han querido aportar su grano de arena con un proyecto que revoluciona la industria actual: precisamente con kilómetro cero, ecológico, reducción de consumo energético y facilitación a cualquier persona para que coma sano, ecológico, medioambientalmente sostenible y por un precio que cualquier persona puede adquirir. Nosotros decimos que cuando comes en Foodtopía estás reduciendo tu consumo de petróleo en 1,5 litros al consumo habitual, frente al consumo medio que son 7 litros. En el día a día gastas dinero en una bolsa de basura diaria que se genera, lo que cuesta al mes y lo que supone ese contenido económicamente. De esos 1000€ que cuesta la bolsa al mes, 220€ es solo el alimento, 500€ es el envoltorio, envase, transporte… y el resto es el coste sanitario inducido, lo que te tomas para paliar esas patologías que provienen de una mala alimentación. gasto bolsa de basura

P: ¿Foodtopía también contempla el Zero Waste?

Foto Cristina cañavate R: De hecho, yo he acabado aquí por esa filosofía. Me ficharon para implantar Residuo Cero en Foodtopía. A los proveedores se les dice que no traigan los productos en plástico, nosotros ofrecemos a los clientes que traigan sus envases para dejar de usar y tirar, tenemos envases de vidrio reutilizable que vendemos y también otros de cartón enteramente compostables. Sobre la comida, se intenta vender todo, pero cuando sobra, se ofrece como regalo o se intenta llevar al tercer sector (ONG).  

P: Ahora mismo el modelo Foodtopía solo existe en Murcia, ¿crees que se expandirá a otras ciudades?

R: Queremos que se expanda esta filosofía para demostrar que se pueden hacer cosas de otra manera. Ahora mismo en Santander están creando una cocina Foodtopía con la misma idea, para reproducirlo. También ha habido interés desde otras comunidades, pero cuesta sacar adelante un proyecto que requiere que la persona que lo lleva tenga una filosofía y unas ideas muy claras de cómo llevarlo.

P: Ya que has sacado adelante algunos proyectos relacionados con la sostenibilidad, ¿qué consejo nos darías a quienes queremos ser sostenibles?

R: Para empezar, ver cómo estás ahora, cuáles son los hábitos que crees que puedes cambiar para mejorar el medio ambiente. Son cosas lógicas: si vas mucho de tiendas, repiensa qué estás comprando, de dónde viene, de qué está hecho… hazte esas preguntas, ¿lo necesito realmente? Todo ese proceso te hace ser un poco más consciente de lo que compras, y ya es un primer paso para hacerte elegir de formas más sostenible. Si quieres formar parte de nuestro proyecto en Innu Vegan ponte en contacto con nosotros.

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